Yo ya no sé qué pensar

O todo me sobrepasa, o soy muy tremendista. O las dos cosas.

I. Obsolescencia programada. El otro día mi hermano pasó por Twitter el enlace del documental “Obsolescencia programada: comprar, tirar, comprar” sobre la sociedad extremadamente consumista que tenemos. Es algo obvio si te lo muestran en un documental, pero más obvio aún si piensas todo lo que tenemos y todo lo que queremos tener y todo lo que, seguramente, si nos planteamos, vamos a tener. ¿Quién orquesta todo esto? Pues seguramente, como el documental explica con el caso de la bombilla, habría que remontarse algunos años atrás. Pero, siendo tan conscientes de que esto ocurre, ¿por qué no somos capaces de poner freno? Tal vez no queramos.

II. El precio de la gasolina. Ayer me levanté con la noticia que decía que los españoles pagamos un sobrecoste de 1600 millones de euros por la gasolina por la falta de competencia. ¿Qué significa esto? Pues según entiendo, que como la tarta se la reparten muy pocas bocas, ellas se permiten el lujo multimillonario de estipular los precios que más beneficios les reportan. Aquéllo de que el que parte y reparte se lleva la mejor parte, para que nos entendamos. Y el pastel de los carburantes en España se reparte de la siguiente manera: “Repsol controla el 58% de la capacidad de producción (con cinco refinerías), Cepsa el 34% (tres) y BP el 8% (una). Y en estaciones de servicios, el juego se reparte entre Repsol (39% del total), Cepsa (16%) y otras con menos del 8% de cuota, según datos de 2009”. ¿No puede intervenir aquí el gobierno? ¿Qué intereses tienen los gobiernos para que esto se produzca desde hace tantísimo tiempo? Tal vez todo esto tenga mucho de obsolescencia programada. A los gobiernos no les interesa mediar en estos casos a favor de los intereses de los ciudadanos porque mientras más se consuma (lo más caro posible), esto contribuye a que la economía nacional siga creciendo (en números). Pero se olvidan de que para que crezca la economía del Estado, la de los ciudadanos tiene que ser cada vez más débil.

III. Islandia. Y, por último, ayer también seguí varias varias declaraciones de Ana Pastor, tras su entrevista al presidente de Irán, Mahmud Ahmadineyad, y me sorprendió que destacara tantas varias veces que era un día para defender la televisión pública, el trabajo de sus profesionales y la libertad con la que trabajan ahora. Es evidente que muy poco se parecen a nuestros ojos, los de los telespectadores, esta Televisión Española a la de Urdazi, con el PP en el gobierno. Pero bueno, si tanto es así, si hay tanta libertad para trabajar, yo no puedo dejar de preguntarme por qué hemos sabido tan poco de los sucesos acaecidos en Islandia desde el año 2008. Yo conocí el caso por el blog de mi hermano, Luis M. Carrasco y hoy he podido leer más en este otro. Tal vez al resto de países de la Unión Europea no les interese mucho que se haga público que la crisis económica se llevó por delante a un gobierno entero debido a las protestas de los ciudadanos. Y según Wikipedia no es un país cualquier. Islandia antes de que estallase la crisis económica, según la ONU, era el tercer país con mayor desarrollo del mundo. Pero, ¿qué noticias nos han llegado a nosotros de todo esto? Muy pocas. En mi caso, ni una. No tenía ni idea.

Yo antes, en circunstancias normales, no era tan negativo ni apocalíptico. Pero todo tiene un tope. Y ahora solo me ha dado por escribir de estas cosas (casi siempre). Después de la no previsión de la crisis económica, generada y alimentada por los bancos; el caso Wikileaks y los ministros españoles pringados en temas chungos, como el “Caso Couso”; el caos de corrupción continua en los partidos políticos; el tema de la gripe A y la factura multimillonaria en medicamentos que compró el gobierno español, orientado por la OMS; la posición de Occidente ante las revoluciones en el mundo árabe, siempre teniendo muy presente sus intereses económicos; las dietas de los parlamentarios europeos; la Ley Sinde, aprobada rodeada de la más profunda de las polémicas; los altos cargos de los sucesivos gobiernos que una vez que dejan de trabajar para ellos, pasan a trabajar en empresas privadas a la que han destinado millones y millones de dinero público… uno ya no sabe qué pensar, ni de quién dudar, o no.

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1 comentario

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Una respuesta a “Yo ya no sé qué pensar

  1. Luis

    Muy bien elegidos los enlaces 😀

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